La fotografía gastronómica va mucho más allá de capturar un plato,
se trata de contar una historia sensorial, de evocar sabores, texturas, emociones. En este proyecto, trabajé la dirección de arte y la fotografía de una crema de calabaza casera, un plato humilde y otoñal que me permitió experimentar con paletas cromáticas cálidas, composiciones suaves y una estética visual que abraza lo natural y lo estacional.
Dirección de arte: cómo convertir un ingrediente en una escena
Desde el inicio, el concepto creativo giró en torno a los colores del otoño: naranjas tostados, ocres, beiges y marrones suaves. Todo recuerda a una caminata entre hojas secas. Quise que las imágenes tuvieran una textura visual orgánica, con materiales nobles y luz natural tamizada, para que transmitieran calor, hogar y cercanía.
Cada elemento del set —los platos cerámicos, los cubiertos vintage, las maderas rústicas, los ingredientes sin procesar— fue seleccionado para reforzar una narrativa visual auténtica y evocadora. La crema de calabaza no es solo comida: es estación, es refugio, es raíz.
Fotografía gastronómica y color emocional
En cuanto al lenguaje fotográfico, busqué un estilo naturalista pero estilizado. La luz suave acentúa los tonos tierra y dorados, resaltando las texturas cremosas de la calabaza y la riqueza de los ingredientes. Trabajé con composiciones abiertas, dejando espacio para respirar, y con planos cercanos que permiten apreciar los matices del plato.
El color es el gran protagonista: la calabaza, con su tonalidad naranja vibrante, conecta directamente con el imaginario otoñal. Contrasta con la neutralidad del fondo y crea una sensación de calidez que envuelve. Aquí, el color no solo viste, cuenta una historia emocional.
Ingredientes, naturaleza y honestidad visual
Además del resultado final, quise mostrar también los ingredientes reales: calabaza fresca, cebolla, aceite de oliva, sal marina… Porque la fotografía gastronómica también tiene un rol educativo y poético. Mostrar los ingredientes permite hablar de procesos, de origen, de cocina como ritual.
Cada imagen de este proyecto está pensada para captar la atención visual y despertar el apetito emocional, algo fundamental en fotografía de producto gastronómico. El objetivo no es solo mostrar el plato: es hacer que el espectador lo huela, lo saboree, lo desee.

